A la hora de asistir a un festival de cine universitario, uno puede pensar que el material que está a punto de ver va a estar muy lejano a lo que llega a las grandes pantallas, pero en el caso del documental, uno no podría estar más equivocado.
Los cortometrajes que presenciamos son de la más alta calidad no sólo desde el punto de vista técnico, si no por la manera de acercarse y enfocar las ideas que se ceuntan con una suavidad enorme a través del lente.
La manera en la que los artistas urbanos fueron modificando las calles de la Ciudad de Oaxaca en 2006, las sensaciones en la vida de un arquitecto que ha perdido la vista, las complicaciones y facilidades de comunicación que tienen las personas mudas, la tierna y sencilla historia de un estudio de foto rebasado por la teconología actual pero apegado a su tradición, el camino para llegar a Veracruz tras el devastador golpe de un huracán, la manera en la que ha cambiado la vida de un jóven que ya no se puede valer por sí mismo, la cotidianidad de una pareja mayor que se dedica a quemar carbón.
Estas historias no sólo entretienen; son cortometrajes de universidades distintas, públicas y privadas, de México o de Polonia, proyectos de titulación o ganadoras de iniciativas como el iCampus, pequeñas historias que muestran el ojo creativo de jóvenes en todo el mundo y la perspectiva, a veces tan equívoca, que podemos tener de muchas situaciones.
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